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Un nuevo Dios nacerá en internet

Jugar a ser adivino puede ridiculizarte cuando el futuro que has visto en la bola mágica sea el presente o permitir alimentar bien tu ego si llegas a ver lo que años atrás dijiste que iba a ser. Ejemplos de visiones futuristas erradas o incluso totalmente contrarias a lo que finalmente ocurrió los hay a cientos, pero también, quizás menos, ha habido aciertos memorables.  2000 o  2001, son años míticos que en el siglo pasado eran sinómino de futuro muy lejano y en nuestra época buenas fechas  para hacer una recopilación de todo lo que imaginaron los  “Nostradamus” contemporáneos de la era preinternet . Cuándo todavía quedaban décadas para alcanzar el siglo XXI, se tenía la esperanza de que la humanidad lograría grandes metas. La erradicación de casi todas las enfermedades, el fin de las hambrunas, el equilibrio ecológico con el planeta, la paz mundial o el desarrollo de los robots que terminarían por hacer las labores más duras dejando que nosotros nos concentráramos en el ocio y los trabajos intelectuales, fueron algunos de los adelantos que convertirían a los terráqueos en seres más felices sin distinción de raza o de sexo. De todos esos hitos que íbamos a presenciar, sin duda el más impactante  seria el de los viajes espaciales. Una nueva parte de la historia iba a comenzar: la del espacio, la de los viajeros interplanetarios que se desplazarían fuera de la Tierra con la misma naturalidad de unos aburridos hombres de negocios rumbo al próximo aeropuerto. Stanley Kubrick en 1968, poco antes de la llegada de los Apolos a la Luna, nos deleitó con ese 2001, del que algo podemos reconocer aunque en dimensiones mucho más pequeñas (la Estación Espacial, curiosamente inacabada, frente a la ISS  y la nave espacial que llega hasta ella frente a los transbordadores de la NASA). Kubrick hizo ciencia ficción de la buena ya que su odisea contenía las ideas que la agencia espacial americana había estudiado durante años.

Y no me puedo olvidar en este post de la fantástica colección de Sm dedicada a la divulgación científica que tanto deleitó a los niños en los años 70 y 80 del siglo pasado. En una de sus colecciones denominada “El mundo del futuro” se podía leer ( exactamente en el libro titulado “Ciudades futuras“) que entre 1980 y 1990 podríamos leer los periódicos en la televisión o mediante el ordenador (¿internet?). “La paranoia atómica” de aquella época (la amenaza de una guerra con bombas atómicas entre soviéticos y estadounidenses era muy real) se refleja en el miedo a un atentado terrorista con un artefacto nuclear que sería posible en los años 80 lo que llevaría a controlar con satélites los suministros de material atómico del mundo.  Entre 1990 y el año 2000 lo de las actividades caseras sería cosa de los robots y de los ordenadores. El ama de casa se dedicaría a actividades lúdicas. La  URSS crearía granjas espaciales y el correo electrónico sería posible (gran acierto éste).  También lo de las radios de pulseras activas 24 horas para llamadas de emergencia (¿ los teléfonos móviles?).  Se predijo que las votaciones se harían desde casa con las radios de pulsera y que se construiría la primera ciudad submarina. Los robots se convertirían en los nuevos esclavos sustituyendo a los humanos en las fábricas y otras industrias (esto en parte ha pasado, pero nadie previó el uso de la mano de obra barata china). Termino este recorrido por el futuro vaticinado en el pasado, con los próximos 50 años: creación de ciudades espaciales, bases lunares permanentes, uso de ingeniería genética para modificar el cuerpo humano, instalación de una base en Marte, inicio de la transformación de Venus en un planeta parecido a la Tierra, hoteles espaciales, primeros juegos olímpicos interplanetarios en Amstrong, capital de la Luna, proliferación de ciudades flotantes marinas, la población mundial se estabiliza en los 6 mil millones de habitantes gracias a la emigración espacial…  Y los pronósticos siguen más allá del siglo XXI. Tanto este libro como el resto de la colección, no tienen desperdicio.

En contraste con estos futuros optimistas hay otros, más inquietantes y oscuros,  como el de “Un  Mundo Feliz” de Huxley, el “1984″ de Orwell o el “Mad Max” protagonizado por Mel Gibson.

Hoy como ayer también se habla del mañana como algo que se pudiera saber. El futuro de este presente  en las manos de los visionaros del  siglo XXI  pasa por internet.  El mundo está cambiando y lo hará mucho más con los revolucionarios cambios que ya están siendo originados en la red de redes. La transformación irá más allá de la simple y progresiva  sustición de los medios convencionales. La nueva forma de transmitir información producirá, en opinión de algunos, una profunda metamorfosis en el ser humano. Internet traspasará sus actuales límites y se fusionará con nuestra conciencia naciendo así una nueva realidad en la que reinará un nuevo demiurgo, “Prometeus”.  ¿Quieres saber cómo se llegó hasta ese momento?

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