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La vida pende de un hilo

Allí estaba el pequeño hámster ruso recogidito en un lado de la jaula, el lugar que elegía para dormir. Extrañé que no se moviera durante el día para hacer su habitual paseo por la jaula. Me acerqué para ver si le pasaba algo. Aunque le soplé, permaneció inmóvil..  Comprobé para mi tristeza que el diminuto roedor había muerto. Su frenético ritmo vital se detuvo justo en ese momento, con la mirada entreabierta en uno de esos instantes en los que interrumpía el  sueño para reanudar su desenfrenada actividad. Un repentino paro cardiaco, causa de muerte habitual en estos animales, quizás fuera el motivo  del fallecimiento. Nada parecía presagiar tan repentino final, pero el destino del patético y absurdo transcurrir de estos seres criados para el cruel disfrute de niños y mayores, ya estaba escrito en su ADN y puede que adelantado por un dieta excesivamente rica en grasas. Entre dos y tres años de vida es la media de la esperanza de vida de un hámster ruso. El mío ya había agotado ese breve intervalo de tiempo. Extrapolado a nuestra escala temporal se hace inevitable pensar en la inevitable ley biológica de la muerte, un proceso natural que tarde o temprano nos extinguirá.

Un hámster ruso no supera los 3 años de vida

Tiempo de vida

La evolución y el desarrollo tecnológico han situado nuestra esperanza de vida media (en occidente) sobre los 80 años. En esto somos afortunados ya que otros mamíferos no superan los 30 años: perro (15-20 años),  jirafa (25),  gato (15),  cerdo (25)…  En cambio hay seres vivos que rebasan con creces a los humanos que más años han aguantado (124 años). Así otros mamíferos como las ballenas pueden sobrepasar ampliamente los 100 años de vida.  Las célebres tortugas de las Galápagos pueden vivir hasta más de 200 años, al igual que  los erizos de mar.  Hay almejas que pueden llegar a tener 1000 años. Pero quiénes se llevan la palma en esto de la longevidad  son árboles como la encina, el roble o las secuoyas  que  llegan a vivir miles de años.

Los telómeros marcan nuestro destino

Los factores ambientales influyen sobre la longevidad de un organismo. Los radicales libres, originados en el metabolismo,  aceleran el deterioro del ADN y el envejecimiento. La vida se defiende de este deterioro por medio de enzimas y compuestos orgánicos que contrarrestan el efecto de los radicales libres y otros agentes desestabilizadores del genoma (radiaciones uv, compuestos aromáticos, compuestos clorados..), El ADN es continuamente replicado y codificado para remplazar a las nuevas células que sustituyen a las muertas, en un proceso continuo de regeneración. Cada segundo mueren 5 millones de células en nuestro organismo. Cada vez que una célula se divide en otras dos, el  ADN heredado está sujeto a más alteraciones conforme la misma copia se repite una y otra vez, disminuyendo su ritmo hasta parar. Otras células no interrumpen nunca su mecanismo de autorreplicación , es el caso de los espemermatogonios sexuales o las células cancerígenas.  Se puede decir que estas células son inmortales.

Los científicos creen haber dado con la explicación que diera respuesta a la incógnita de la longevidad. El planteamiento del problema pasa por los extremos de los cromosomas donde se encuentra una secuencia de  adn que se repite continuamente (generalmente formada por bases de guanina y timina). Son los llamados  telómeros. Esta franja de los cromosomas se va acortando a medida que se produce cada replicación de la célula ya que la enzima ADN-polimerasa no la duplica. Al igual que una mecha que se hace arder, la desaparición de los telómeros está relacionada con la edad del organismo.  Lo que todavía no se sabe es si realmente funcionan como un reloj de arena que define la longevidad de cada ser o especie. Se sabe que cuando su tamaño alcanza un mínimo la célula no se puede dividir más, sus cromosomas se desestabilizan y acaba muriendo. Nuestras células somáticas adultas tienen un número de replicaciones medio de 20 a 24.

Sin embargo, el acortamiento de los telómeros no es un proceso irreversible. La enzima telomerasa puede repararlos. No se conoce muy bien la acción de estas enzimas ya que parecen actuar sobre unas pocas células y no sobre las células somáticas. Su papel es a veces maligno ya que permiten que las células  tumorales se dividan sin tener un límite de número de replicaciones.

Quizás un día, se pueda descubrir la manera de poder controlar  la acción de la telomerasa, enzima que parece marcar fatalmente nuestro destino, la forma de mantener eternamente el diminuto hilo de bases que separa la vida de la muerte.

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