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Sabotaje en la ciencia

Heather Ames

El Postdoc Vipul Bhrigu destrozó el trabajo científico de una compañera para evitar que se le adelantara. Todo ocurrió en el Centro Universitario de Comprensión del Cáncer en Michigan. Bhrigu saboteó meticulosamente y sistemáticamente el trabajo de Heather Ames, una estudiante graduada. Manipuló sus experimentos y su medio de cultivo celular. Gracias a una cámara escondida, se pudo descubrir la mala intención del compañero de Heather que confesó su delito al policía de la Universidad. En el juicio, Bhrigu declaró que la presión al que estaba sometido  le había obligado a entorpecer y ralentizar el trabajo de Ames.  Más tarde se arrepintió por lo que fue un acto amoral.

Esta acción no parece un acto aislado o único en la ciencia, si bien no hay muchas evidencias para afirmar que es algo normal. Sin embargo, información recabada hablando con postdocs, estudiantes graduados y expertos en malas conductas profesionales sugiere que este tipo de delitos suceden en cualquier sitio pero la mayoría de los casos no son denunciados. Estos actos tienen un efecto muy nocivo sobre la ciencia y los científicos. Destruye la confianza necesaria para la realización de proyectos y el avance científico.

Bhrigu con su esposa en una ceremonia de doctorada de la Universidad de Toledo

No existe tampoco una manera de prevenir estas conductas, ni los centros de investigación ni las universidades parecen preocuparse por su erradicación. En Estados Unidos, los organismos federales que asignan fondos para la investigación no las contemplan como delito ya que dentro de las infracciones no incluyen el sabotaje, en cambio si lo hacen con el plagio o la falsificación de pruebas. En el caso que nos ocupa, la Universidad de Michigan colaboró con la policía gracias a la persistencia de Ames y su supervisora, Theo Ross.

Crónica de un sabotaje

Ames empezó a notar que su doctorado se hacía cuesta arriba el 12 de diciembre de 2009.  El asunto es que esta chica estaba esforzándose en sus investigaciones sobre un receptor del factor de crecimiento epidérmico, una proteína relacionada con algunos tipos de cáncer. Su trabajo rutinario consistía en usar el método de “Western Blot” para el análisis de proteínas en las muestras. Todo transcurría normalmente hasta que un día vio que el patrón de bandas, que esperaba encontrar en uno de sus habituales experimentos, apareció con el orden cambiado. Cinco días más tarde volvió a ocurrir lo mismo. Ames pensó que estaba cometiendo un error, pero era el mismo tipo de error el que se había vuelto a repetir. Entonces se empezó a preocupar porque la única explicación que encontró fue que por una extraña razón las tapas etiquetadas de sus cultivos celulares habían sido cambiadas de posición. Una mano negra estaba saboteando sus experimentos. Enseguida pensó como averiguar lo que estaba pasando. Directamente escribió sobre la base de las placas el código que identificaba a cada cultivo celular.

Pero los problemas no se acabaron ahí. Otro día,  volvió a encontrarse con otro percance en sus análisis. Una proteína inesperada había aparecido. Todo se podía deber a otro desafortunado error. Pero nuevamente, volvió a obtener el mismo tipo de error.

Ames empezó a sospechar de los compañeros de laboratorio y eso hizo que se pusiera muy nerviosa. Los análisis los tuvo que hacer de noche. No tenía pruebas para demostrar lo que ella creía que estaba pasando y sus amigos empezaron a pensar que estaba paranoica.

A pesar de la enorme competitividad que existe dentro de algunos laboratorios donde el investigador principal azuza a los postdocs para que luchen unos contra los otros, aquel lugar no pasaba por tener esos problemas. Era un laboratorio pequeño, en aquel tiempo sólo había estudiantes y algunos licenciados junto a la directora, Catherine Oravecz-Wilson. Además, también había un posdoct llamado Bhrigu, un indio que se habia incorporado a aquel centro de trabajo en abril de 2009. Su historia en Estados Unidos se remonta al año 2003. Un joven estudiante de doctorado llegado de la India quería acabar exitosamente su doctorado en la Universidad de Toledo, Ohio, bajo la dirección del experto en Cáncer, el biólogo James Trempe. Bhrigu era un estudiante normal que hacía bien su trabajo, de un carácter afable y hasta simpático. Incluso Ames no sospechó en un principio de Bhrigu, ya que le caía bien. Pero ella cambiaría su forma de pensar más adelante.

El sábado 28 de febrero de 2010, la investigadora volvió a toparse con lo que pensó que era otro intento de manipulación de su trabajo. Estaba cambiando el medio de sus células cuando vio que algo no iba bien. El contenido de una de las placas se había salido fuera sin que hubiera una causa aparente para que eso fuera así. Examinó la botella que contenía el compuesto con el que hacía el cultivo celular y descubrió unas ondulaciones traslucidas, como las que aparecen cuando le añades wisky al agua. Eran perfectamente visibles en aquel medio rojo. Al acercar su nariz  a la botella capto el olor del alcohol. Esa era la prueba que necesitaba para definitivamente probar que no eran sus errores lo que estaba dificultando sus investigaciones sino las acciones de alguien que por alguna razón entorpecía su trabajo.

Inmediatamente se comunicó con Ross convencida totalmente del sabotaje. Ross olió el frasco y aunque su olor no era el que tenía que tener, no sabía lo que pensar. Lo más duro de este asunto es que Ross de quién primero sospechó fue de la acusadora. Aquello le parecía una historia inventada por la misma Ames para justificar los problemas que estaba teniendo en su investigación. Ante la creciente persistencia de las denuncias que Ames hacía, a Ross no le quedó más remedio que trasladar el problema al departamento universitario competente en este tipo de asuntos. Para desesperación de Ames, dos nuevos casos de adulteración con alcohol del medio de cultivo se habían producido. Mientras tanto los encargados de dar carpetazo a algo que no habían visto antes, le pasaron el muerto a la policía de la universidad. Lo primero que hicieron fue investigar lo que estaba pasando en aquel laboratorio y empezaron por Ames. La sometieron a un duro interrogatorio y luego le hicieron la prueba de la máquina de la verdad.

Finalmente, la policía decidió proseguir con sus investigaciones dadas las convincentes declaraciones de la principal sospechosa. Colocaron un par de cámaras en el laboratorio, una en la habitación en la habían aparecido los análisis erróneos y otra encima del refrigerador donde Ames guardaba sus medio de cultivo.  Eso ocurrió a la 4:00 a.m. del sábado 18 de abril. Ames, fue a trabajar ese día hasta las 5:00 p.m. El lunes por la mañana sobre las 10:15, encontró que alguien había vuelto a echar alcohol en la botella que contenía el medio de cultivo.

Cuando Ross examinó el video grabado con Richard Zavala, el oficial asignado al caso, dijo que su corazón le dio un vuelco. A las 9:00 a.m del lunes, Bhrigu entró en la habitación y sacó el medio de cultivo que iba a usar ese día. Luego, volvió nuevamente al frigorífico con una botella para dispersar etanol como la que se suelen usar en la limpieza de laboratorios. En la imagen aparecía durante 46 segundos dando la espalda a la cámara y haciendo algo en el frigorífico. Ross no sabía qué, pero no parecía nada bueno.

Zavala, una vez que detuvo a Bhrigu, lo interrogó  en el departamento de policía. El joven indio no tardó mucho en confesar lo que había hecho. Había saboteado el trabajo de Ames desde el mes de febrero, pero negó que lo hubiera hecho antes (esto deja sin explicación lo acaecido en los meses de diciembre y enero).

Motivos de mala conductas

 Las malas conductas no es nada nuevo en la Ciencia, pero no es fácil saber con qué frecuencia se producen. Daniele Fanelli de la Universidad de Edimburgo, investigador de malas conductas científicas, piensa que este tipo de comportamientos son raros, pero otras formas de incidencias o sabotajes son más frecuentes. Según este especialista en el tema, muchas de estas manipulaciones no se pueden captar con una cámara. Ejemplos claros de conductas maliciosas que pueden ser tan dañinas como la manipulación de un experimento y hacer peligrar la carrera de un investigador pueden ser: malintencionadas revisiones de artículos antes de ser publicados, cartas de falsas referencias… Son algunas de los actos cuestionables que parecen estar muy extendidas pero que no han sido consideradas técnicamente como conductas deplorables. Fanelli en un análisis sobre estas malas conductas ha llegado a ponerle números. Según su estudio, una tercera parte de los encuestados admite haber caído en esa violencia de laboratorio y un 70% dice haberlo observado.

La explicación para todo esto puede ser la competitividad existente dentro de la jerarquizada Ciencia. Puestos académicos, publicaciones en revistas prestigiosas, subvenciones, becas.. son posibles gracias a salir ganador en la lucha por esas metas. Para alcanzarlas sólo debes ser mejor que el resto de los competidores. Algunos especialistas creen que este serio problema se debería solucionar no mediante el castigo sino intentando educar y rehabilitar a aquellos que caigan en el “lado oscuro de la Ciencia”.

Pero retomando la línea de este asunto…  ¿qué causó el vandalismo de Bhrighu? Él y Ames no era competidores directos dentro del laboratorio. La jefa del grupo, Ross, estaba muy centrada en el trabajo pero no se preocupaba del stress al que estaba sometido el personal que tenía bajo su cargo.  El postdoc indio dijo que se sintió presionado al desplazarse desde la pequeña universidad de Toledo a la Universidad de Michigan. Se sintió frustrado al recibir críticas de Ross por su falta de preparación y sus hábitos de trabajo. Se sintió presionado y empezó a sentir celos de sus compañeros. Su intención era alcanzarlos entorpeciendo su trabajo.

Y llegó el día del juicio

La sentencia del juicio condenó al posdoct indio a pagar  unos 8800 dólares por los materiales experimentales y reactivos, más 600 dólares de gastos del juicio y de la multa. A esto se le sumaba,  6 meses de libertad condicional en los que tendría que hacer 40 horas de trabajos para la comunidad y pasar por una evaluación psiquiátrica. Este castigo era muy indulgente con el acusado ya que lo que pedía Ross, la denunciante, incluía el sueldo entero de Bhrigu (que es la mitad del de Ames), 6 meses de salario para contratar a un técnico que ayudara a la afectada por el incidente, y que pagara un cuarto de los reactivos del laboratorio.

El juicio sería pospuesto hasta septiembre y los cálculos de la posible sanción hechos por el tribunal creció hasta los 72000 dólares. Pero antes de que tuviera lugar ese juicio, Bhrigu se marchó junto con su esposa a la India.

Una nueva vista fue programada para octubre. A la sanción anterior se le sumará la violación de la libertad condicional de Bhrigu. Ross está contenta de que esta mala experiencia haya terminado. Ahora cuestiona seguir con su programa de investigación. Debe revisar todo el trabajo hecho por Bhrigu en el laboratorio y está afectada por el tratamiento que le dio a Ames al principio, cuestionando su comportamiento. Explicó que los encargados de cada grupo deberían ser más humanos y preocuparse más por estos problemas. También urge al resto que hablen en voz alta de este tipo de sucesos.

Bhrigu tras declarar su culpabilidad en junio, se fue a trabajar a la Universidad de Toledo. Cuando Ross llamó a su jefe para hablarle de lo que había hecho su antiguo colaborador, se sorprendió al saber que lo había vuelto a contratar. Bhrigu explicó que se había ido de Michigan por desavenencias con Ross. A pesar de todo lo ocurrido, Bhrigu estuvo allí hasta julio, fecha en la que se produjo el primer juicio.

Ahora Bhrigu vive en la India y poco se puede hacer para que no trabaje en otro laboratorio o centro científico, incluso si estuviera en Estados Unidos ya que en las leyes no se contempla castigar a un científico por su malas acciones dentro de un laboratorio, a pesar de que todos los científicos sepan definirlas.

Por su parte Ames, cuyo trabajo se ha visto atrasado unos 6 meses, acabará su doctorado en primavera, pero está muy afectada por lo sucedido. Cuestiona seguir con ese trabajo al ver como sus ideales sobre la cooperación en grupo han sido destrozados.

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