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El pueblo habla

Hasta hace muy poco tiempo Mubarak era un líder ejemplar que era invitado a todos los "saraos"

Una ola de levantamiento popular recorre el norte de África y se extiende hasta la Península Arábiga. La región musulmana tiembla. ¿Pero qué impulsa a la gente a salir en masa a las calles de forma desesperada? Seguramente ustedes quieren escuchar una de esas explicaciones “conspiranoicas” y apocalípticas tan en boga en muchos foros del misterio (faceta esta que causa furor en los últimos meses). La CIA, el MOSSAD, el islamismo radical, los reptilianos… Todo vale para darle un toque espectacular y misterioso al asunto desviando consciente o inconscientemente la atención de lo que importa.

Voy a intentar explicar lo que creo según mi humilde opinión. Otra más. Si quieren encontrar explicaciones rimbombantes les aconsejo que lean otros artículos.

Manifestante egipcio herido

La crisis mundial del sistema capitalista es más insoportable en los países menos desarrollados. El alza de los precios de las materias primas ahondas las carencias.  Los dictadores norteafricanos que hasta ahora eran mostrados en occidente como dirigentes justos y “democráticos”, a excepción del “gamberrllo” libio, sostienen unos estados cada vez más míseros con unas desigualdades sociales mayores y poblaciones más empobrecidas y sometidas.  Europa y Estados Unidos han jugado sus bazas en el norte de África, entrada y frontera con el tercer mundo, antigua colonia,  a la que acudir para sacar recursos y alejar para evitar sus males: terrorismo, inmigración, enfermedades, guerras… Contentos todos, al margen de esa falsa estabilidad, el Mediterráneo se ha convertido en una balsa de aceite. Los Mohamed, Mubarak, Ben Ali son los grandes amigos que nos permiten dormir tranquilos tras comprobar en el último telediario de la noche que el islamismo radical se mantiene, al menos, muy lejos. Esa imagen idílica, sólo era una fachada. Nada sabíamos del malestar de los marroquíes, de los tunecinos o de los egipcios, es más, creo que eso nos interesaba mucho menos que las excelencias turísticas del Magreb y las pirámides. Ahora, a muchos quizás les importe menos, y sólo les inquiete lo que está tramando el “moro”.

Los giros de la Historia

Lo que hemos vivido estos días es un nuevo ejemplo de los inesperados cambios históricos. La tambaleante economía ha tenido sus efectos sobre las clases más desfavorecidas en todo el planeta. La reacción se ha visto en las numerosas manifestaciones contra el poder establecido desde Reino Unido hasta Argentina. Estas protestas populares de ahora no son más que una continuación. Los protagonistas son ciudadanos cansados de un futuro negro, jóvenes que no encuentran salida a su triste situación y desean un cambio. Internet ha funcionado como un embudo capaz de concentrar el sentimiento de frustración e indignación. El asfixiante control de las dictaduras se ha visto interrumpido de golpe por el estallido de la revolución que se ha gestado en los ordenadores y ha saltado a la calle. No hay líderes, ni cabecillas, sólo hay personas que han salido de sus casas para proclamar el fin del sistema (quizás lo más parecido a esto lo hayamos visto en los países del Este cuando cayó el Muro de Berlín). Han perdido el miedo, han tomado una decisión surgida en la red y movidos con la misma determinación de un sólo hombre, se han propuesto tomar el poder.

¿Será posible una democracia popular?

No miréis a las pirámides… lo que está ocurriendo en Egipto puede ser el germen de un cambio global en el que el poder sea arrancado de la mano de la oligarquía reinante (políticos, banqueros, “empresaurios”). En el siglo XXI, internet se está convirtiendo en una herramienta capaz de hacer girar el orden imperante hasta ahora. Las viejas dictaduras bananeras y las democracias decimonónicas, sostenidas en una inestable base material, no pasan por su mejor momento. Los que dicen ser representantes del pueblo, se distancian más y más mientras sólo parecen preocuparse por conservar su privilegiado status. Parece que ha llegado la hora de acabar con estos intermediarios y romper la piñata del poder, ahora en manos de unos pocos.

La revuelta popular egipcia y tunecina ha sentado un precedente. Los gobiernos respectivos tienen mecanismos suficientes para frenar la ola y dejar en el olvido los sucesos de estos días tal y como hemos visto en el Sahara. Mubarak ha enseñado los dientes dejando para mejores ocasiones su careta de gobernante occidental.  Nos podemos temer lo peor. La postura pacífica de los que protestan hoy, si es reprimida, mañana puede acabar en una rabia incontrolable que acabe en un sistema político más radical que el actual. La Historia nos ha dejado ejemplos parecidos en la aparición de regímenes fanáticos surgidos del descontento de la población.

Irán, Túnez, Egipto, Yemen… escenarios de las levantamientos populares de naturaleza parecida. No serán los últimos. El pensamiento libre seguirá alimentando conciencias en la red e impulsando a la acción. El futuro dirá y espero que sea el de una sociedad más justa donde las tiranías sean machacadas.

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. 7 febrero 2011 en 2:56

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