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50 años del primer viaje espacial tripulado

El 12 de Abril de 1961 comenzó una nueva era, la de los viajes tripulados al espacio. Los soviéticos fueron los encargados de inaugurar esta nueva etapa de la Historia lanzando a bordo del cohete “Vostok1”al comandante Yuri Gagarin. Dio una vuelta a la Tierra en un viaje espacial que duró 108 minutos.

Momento en el que visten a Yuri Gagarin

En la madrugada de aquel día, hace 50 años, Gagarin no había pegado ojo en la cabaña del cosmódromo de  Baikonur donde había pasado la noche. Su compañero, Gherman Titov, el suplente, tampoco había podido dormir muy bien. Ambos sabían que la incertidumbre de aquel arriesgado proyecto tenía una alta probabilidad de acabar mal, pero también sabían cuál era su obligación como militares.

Tras el desayuno, empezaron a vestir a los dos cosmonautas, primero a Titov y luego a Gagarin para que este no pasara más calor del necesario. Luego, los dos se subieron a la guagua que les llevó hasta la plataforma de lanzamiento en la que el recién llegado “Vostok 1”estaba listo tras ser transportado la noche anterior en tren desde el hangar de montaje hasta el cosmódromo de Baikonur.
Gagarin y “Vostok 1”se encontraron. Ambos tenían una larga historia que contar antes de ese momento. Del cohete, uno de sus principales artífices, el ingeniero Sergei Koroliov, nos hubiera contado las idas y venidas de un proyecto que partió del desarrollo de los misiles nazis “V-2”, tras la derrota de Hitler, y dio, como subproducto de los misiles intercontinentales soviéticos R-7, el medio para transportar satélites y más tarde humanos al espacio.

A las 7:10, hora local, Gagarin ya  estaba acomodándose en la cabina de la cápsula y probando el sistema de comunicación por radio. Estaba tranquilo y para relajarse escuchaba música.

40 minutos más tarde los técnicos cerraron la compuerta del receptáculo, dejando momentáneamente a Yuri aislado del resto del mundo. Un fallo en el cierre obligó a desatornillar la escotilla. El problema se resolvió una hora más tarde. Gagarin seguía tranquilo, a pesar de estos percances. El equipo de monitorización del cosmonauta marcaba 64 pulsaciones por minuto.

"Vostok 1" en preparación antes del despegue final.

Por fin a las 9:07, hora de Moscú, se encienden los 5 motores del cohete 8K82K-Vostok 1 en la plataforma número 1 del Cosmódromo de Baikonur. Koroliov daba sus últimas instrucciones por radio: “Etapa preliminar… intermedia… principal… ¡Despegue! El ruido ensordecedor del cohete hace elevar la voz del cerebro de la misión. Le desea un buen viaje a Gagarin que contesta con el famoso “Poyekhali!” (¡allá vamos!).

Despegue de "Vostok 1"

Dos minutos después del lanzamiento, la sección formada por los cuatro eyectores acaba su combustible y se separa.

37 segundos más tarde, Vostok 1 atraviesa con éxito una nueva fase. Se desprende la cubierta del módulo principal. En ese momento Gagarin ve la luz exterior por la ventana.

5  minutos después de la partida, la etapa central se agota y se separa del cohete. Inmediatamente, se pone en funcionamiento la tercera fase que sigue acelerando la nave hasta los 28000 Km/h.

A los 676 segundos del viaje, la última etapa cae y queda la cápsula sola en el espacio. Gagarin ve la Tierra por la escotilla. Ese momento es uno de los grandes instantes de la Humanidad. Por primera vez, un ser humano ha salido de nuestro planeta y lo contempla desde el espacio.

Las dos últimas fases del "Vostok 1" en el espacio

Gagarin retransmite continuamente su estado y el de la nave sin poder reprimir algunos comentarios subjetivos sobre la experiencia. Se maravilla por lo que ve. Más que un tripulante es un observador, todo está automatizado. El sólo se limitará a ver y esperar. El plan es dar una vuelta alrededor de la Tierra. La nave pasa por encima de Siberia y Gagarin reconoce el puerto de Vzor.

A las 9:21 a.m,la órbita atraviesa la península de Kamchatka dejando atrás la Unión Soviética. Gagarin comunica a la estación de tierra los datos que registra en el panel de control. Todo marcha bien.

Gagarin

4 minutos más tarde comienza a cruzar el Pacífico en diagonal en una trayectoria que va desde Kamchatka hasta el extremo sur de Suramérica. Gagarin pregunta si le pueden decir algo sobre la órbita que está siguiendo y le contestan desde la base de Khabarovsk que todavía ha pasado muy poco tiempo para tener los datos del vuelo pero que todo lo que han recibido hasta ahora coincide con lo previsto.

Cuando son las 9:31 a.m el contacto por radio con la estación de tierra en Khabarovsk cambia de frecuencia. La cápsula ha llegado al horizonte de la radio VHF que usan los soviéticos. Gagarin repite que su estado es excelente. Ahora deberá usar el modo radio HF.

A las 9:37 a.m, con el Sol oculto, la cápsula atraviesa el Pacífico de noche. Gagarin continúa con su monótono parte de las lecturas de los indicadores.

El sistema de orientación solar se enciende a las 9:56 a.m. Estos sensores serán fundamentales para la activación de los retrocohetes en la fase de descenso. Este sistema de dirección de la nave es automático aunque existe otro igual manual.

Desde tierra le confirman que todo va bien. “Vostok 1”  atraviesa ahora el Estrecho de Magallanes.

3 minutos más tarde “Radio Moscú2 retransmite la noticia del primer vuelo espacial tripulado.

La comunicación entre Gagarin y la estación de seguimiento se pierde durante algunos minutos.

A las 7:10 a.m, “Vostok  1” ya se encuentra en el Atlántico y el Sol vuelve a salir. Faltan 15 minutos para que se produzca la activación de los retrocohetes. El mensaje de las 7:13 a.m. es escuchado parcialmente en Khabarovsk. Vuelven a dejar de escuchar al cosmonauta durante unos minutos.

El sistema automático de orientación posiciona la nave con la inclinación adecuada para su desaceleración con los retrocohetes.

Cuando ha pasado una hora y 18 minutos desde el despegue, entramos en una de las fases más cruciales. La cápsula espacial pasa por encima de Angola. Se activan los retrocohetes vaciando su combustible en 42 segundos. La desaceleración es suficiente para desviar a la nave de su trayectoria y enviarla más abajo donde las capas altas de la atmósfera continuarían frenándola. Lo siguiente que debía pasar es que se separara el módulo de servicio del módulo de reentrada. Pero esto no ocurre. El viaje pasa por su etapa más crítica.  Gagarin siente los bandazos. La “Vostok” da vueltas hacia todos los lados. El duro entrenamiento al que ha sido sometido lo ha preparado para una situación así.

El rozamiento con la atmósfera acaba por fundir los cables que unían a las dos partes de la nave dejando a la cápsula de reentrada libre. De no pasar esto, Gagarin hubiera muerto achicharrado dentro de una centrifugadora.

Tras producirse la separación de las dos últimas partes de “Vostok 1”, la cápsula esférica (SA) se reorienta automáticamente y prosigue su descenso a través de la atmósfera con la inclinación correcta para que su escudo térmico resista el calor producido por la fricción. Gagarin telegrafía a la estación de seguimiento: “Todo está bien”. Tampoco parece que pueda con él la terrible aceleración de 8g a que debe soportar en esta etapa del viaje. Su cuerpo se vuelve muy pesado.

Una bola de fuego se aproxima a en caída libre hacia la superficie terrestre. La esfera metálica alcanza temperaturas que rondan los 3000 ºC. Gagarin está en perfectas condiciones a pesar del susto de la reentrada.

Cuando el reloj marca las 10:55 a.m., a una altura de 7 kilómetros, la escotilla principal del módulo de reentrada se separa al accionarse unos dispositivos explosivos. Dos segundos más tarde Gagarin es eyectado en su asiento. Sale despedido de la nave gracias a unos potentes propulsores. Inmediatamente se despliega un paracaídas que frena la caída del cosmonauta. A tan solo 2,5 kilómetros de altitud se abre el paracaídas de la cápsula.

El módulo espacial y el cosmonauta caen a 26 kilómetros al sur de Engels en la región de Saratov, un punto que no es el esperado debido a la tardía separación de las dos últimas fases de “Vostok ” durante el descenso. En aquella mañana primaveral del 12 de abril, Gagarin todavía tuvo tiempo para deshacerse de su petate y saborear su éxito en soledad.

Cápsula en la que viajó Gagarin tras el aterrizaje

Las primeras en ver la llegada de la inmensa bola del “Vostok”  fueron dos colegialas que la vieron caer y rebotar en el suelo. Gagarin se encontró a una granjera y a su nieta. Las dos intentaron dar media vuelta cuando vieron la pinta de aquel extraño ser, pero el cosmonauta les gritó que no temieran, que era soviético, que venía del espacio y que necesitaba un teléfono para llamar a Moscú. No hizo falta ya que poco después llegó un grupo de militares procedentes de una cercana división antiaérea.

Y después de esta fiesta que…

La Unión Soviética le había metido otro gol por la escuadra a Estados Unidos. En la carrera espacial los soviéticos volvían a tomar la delantera dejando a los americanos muy por detrás. La NASA no haría algo parecido hasta 1962 con el primer vuelo orbital de Jonh Glenn en el “Mercury Atlas”.

Para los grandes vencedores de la proeza de este vuelo a tanta altura lo que ocurrió después fue brusco descenso desde la gloria al abismo. Yuri Gagarin acabaría sus días sumido en una depresión, cansado de ser el heroico embajador de su país. Era muy valioso para la URSS y no volvió a arriesgar su vida viajando a dónde siempre quiso regresar, el espacio. El destino le jugó una mala pasada a este Ícaro ruso. El 27 de marzo de 1968, Gagarín fallece en un accidente al caer el avión MiG-15 que pilotaba.

El anónimo Sergei Koroliov, el cerebro del primer viaje espacial, no podría ver cumplido su sueño de llevar el primer hombre a la Luna.  Los problemas de salud, que arrastraba tras su destierro a Siberia en la época de Stalin, se agravaron y falleció a los 59 años, el 14 de enero de 1966.

Tres años más tarde de la desaparición de Koroliov, la NASA, con el ingeniero alemán Von Braun al frente, finalizó con éxito el primer viaje tripulado hasta la superficie lunar y Estados Unidos se erigió como el ganador de la Carrera Espacial.

Koroliov, el otro héroe del primer viaje espacial tripulado que permanecería oculto hasta mucho después de su muerte.

El rápido desarrollo astronáutico de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial ha seguido un camino bastante errático en los últimos 30 años. Sin unos objetivos claros y con una Estación Espacial Internacional cara y de futuro incierto, hasta hace poco, no parece que podamos ser testigos de otros avances parecidos a los vividos hace 50 años. Los rusos siguen mandando cosmonautas al espacio con los viejos pero efectivos modelos de las Soyuz y los estadounidenses abandonan su proyecto de nave espacial más vanguardista hasta el momento, el transbordador espacial, sin que sepamos cómo y cuándo creará el siguiente prototipo.

¿Hasta cuándo tendremos que esperar para  que veamos a un nuevo Yuri Gagarin o Neil Amstrong?

Puedes escuchar AQUÍ el trabajo que hicimos en “El Aleph” sobre este acontecimiento histórico.

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