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Un año desde que Voyager 2 salió del Sistema Solar

El 5 de noviembre de 2018, Voyager 2 atravesaba la heliopausa convirtiéndose en la segunda nave espacial humana que de manera probada viajaba por el espacio interestelar o lo que actualmente creemos que es el límite del Sistema Solar. Antes, en 2012, la sonda gemela Voyager 1 había hecho lo mismo. Ambas partieron de la Tierra en 1977, separadas por unas dos semanas, con el objetivo de acercarse a los planetas más lejanos y conocerlos mejor. Ahora se alejan en el espacio interestelar y seguirán haciéndolo más allá de la existencia de la Tierra.

A 18500 millones de kilómetros de la Tierra

La sonda Voyager 2 se ha alejado de su punto de partida hasta situarse a una distancia de 18500 millones de kilómetros, a unas 17 horas a velocidad luz. En su trayecto se acercó a planetas hasta entonces estudiados con la precisión que permite una de estas sondas, a pesar de su limitada tecnología en comparación con la actual donde un teléfono móvil tiene una capacidad miles de veces mayor que la del ordenador que controla estas naves. Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno fueron los gigantes gaseosos visitados por Voyager 2 que se separo de su gemela Voyager 1 en Saturno ya que esta se dirigió hacia los límites del Sistema Solar de manera directa.

Ilustración que muestra la situación de las Voyager fuera de la heliosfera. NASA.

Resumen realizado en noviembre de 2018 por la NASA de los hitos alcanzados por la sonda Voyager 2. Ilustración de la Nasa.

El momento de entrada en el espacio interestelar fue detectado por los científicos que siguen la misión después de registrar un cambio brusco en la densidad de plasma gracias a los sensores de ondas de plasma (PWS) y el espectrómetro de plasma (PLS), solo activo en Voyager 2. Se pasó de uno más caliente a otro más frío que empieza a ser conocido ahora gracias a estas naves espaciales. Además se registró un ascenso muy intenso de rayos cósmicos con los instrumentos subsistema de rayos cósmicos, el de detección de partículas cargadas con baja energía, y el magnetómetro,

La frontera parece que es clara, simétrica y define perfectamente la heliosfera, región esférica como una burbuja bajo la influencia del Sol y las partículas que este libera formando vientos solares con partículas ionizadas a alta temperatura. Esto demuestra que en cierta manera tenemos un espacio que se puede explicar con las propiedades de cualquier fluido, con sus zonas bien definidas y diferenciadas pero no del todo uniformes dentro de una misma región tal y como podemos ver en una masa de agua marina.

Ilustración que muestra el recorrido de Voyager 2 en unidades astronómicas. NASA.

En este gráfico se puede apreciar los resultados del PLS que usa la corriente eléctrica del plasma formado por las partículas procedentes del Sol para medir la velocidad, densidad, temperatura, presión y flujo del viento solar. Se puede apreciar el drástico cambio en el numero de partículas de la heliosfera que impactan contra el detector a partir del 5 de noviembre, hecho que sorprendió a los científicos de la misión por no esperar una transición más pausada. Esta evidencia junto al incremento de los rayos cósmicos prueban que la sonda ha entrado en otro tipo de región. Imagen de NASA.

Sin embargo, existe discrepancia a la hora de definir lo que es la heliosfera, a pesar de estas evidencias, porque las naves todavía siguen bajo el campo gravitatorio solar. Por otro lado, el espacio que separa a estos artefactos de la Nube de Oort, región de la que se cree que proceden los cometas que atraviesan el Sistema Solar y otros pequeños objetos, todavía es tan grande como para tener que esperar varios siglos hasta alcanzarla y unos 30 mil años para atravesarla. Se supone que esta se encuentra en el Sistema Solar a una distancia estimada entre las 1000 y 100000 unidades astronómicas. De alguna manera, el modelo de la heliosfera podría ser parecido al de otros líquidos estratificados en varias capas como la atmósfera o la columna de agua de un océano o un lago. Quizá el cosmos sea un enorme fluido con sus condensaciones en forma de planetas y estrellas. En 2024 partirá de la Tierra una nueva misión de la NASA, IMAP,  cuyo objetivo será el de estudiar mejor este límite.

Se ha estimado que las Voyager dejarán de emitir información cuando su combustible atómico se agote totalmente,  a partir de 2025, aunque las antenas de la red de espacio produndo (DSN) seguirán registrando su camino hacia las profundidades del cosmos, un  viaje que durará miles de millones de años porque el espacio interestelar es casi tan vacío y monótono como fuera de nuestra comprensión en su extensión. Se puede decir que estas naves seguirán existiendo después de que nuestra especie desaparezca y el planeta Tierra sea engullido por el Sol. Con permiso de otras misiones y cohetes lanzados  con anterioridad, entre los que cabe destacar a las dos Pioneers (10 y 11) ,  las Voyager se han convertido en los objetos que más se han adentrado en los confines del universo y en los únicos que han resistido para captar y transmitir los datos que lo constatan. También es a misión espacial que más tiempo ha durado, 42 años de momento.

Para más información:

https://voyager.jpl.nasa.gov/

https://www.nasa.gov/mission_pages/voyager/index.html

https://www.nasa.gov/mission_pages/sunearth/index.html

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