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Alcanzan la superficie del Lago Vostok

Tras muchos años de perforación los científicos rusos que perforan la capa de hielo del Lago Vostok han conseguido alcanzar su objetivo,  a unos 3800 metros de profundidad. Desde la década de los 50 existe una base rusa, Vostok, en ese lugar. Descubrieron en los 70 la existencia de un lago. En el año 1998 pararon las perforaciones por no existir un método que impidiera la contaminación de la masa de agua encerrada por el hielo. Sólo les quedaba profundizar 130 metros más.  Unos años más tarde, en 2005,  reanudaron las prospecciones tras haber desarrollado unas polémicas técnicas de extracción del agua.

En el Aleph hablábamos de que los rusos estaban muy cerca de lograr su objetivo y como leíamos en “Science” señalábamos que sería el evento científico del año… 2007.

Esperemos que este no sea otro falso rumor sobre esta laboriosa investigación con la que se indagará en un ambiente inhóspito, casi extraterrestre, de un gran parecido a lo que podría existir en los océanos de mundos lejanos como el satélite Europa, salvando las enormes distancias evolutivas que puede haber.

La fuente,  en la que se basa la noticia publicada en la web de Rianovosti, es la de un funcionario del Roshidromet, un organismo ruso de meteorología y medioambiente. Al parecer, tenían que llegar a su objetivo antes del 6 febrero. Si no lo conseguían los trabajos se reanudarían en diciembre de este año. El jefe de la exploración, Valeri Lukin, estaba seguro de que en esa fecha extraerían la primera muestra de agua sacada del lago.

Perforación del Lago Vostok

El lago antártico ha permanecido aislado 15 millones de años. En ese tiempo, la vida intraterrestre que podría existir en ese ambiente ha podido evolucionar independientemente del resto de la existente en la Tierra.

Por qué no especular y ponerse a pensar en los muchos ambientes diferentes que pueden existir en nuestro planeta, aislados, con soluciones diferentes a las de superficie. Ecosistemas existentes en lugares inhóspitos de este planeta del que apenas conocemos el fondo de sus océanos. Apenas hemos arañado la superficie con 12 kilómetros perforados de los 6738 kilómetros que existen hasta el centro del planeta.

La vida no para de sorprendernos con sus límites de adaptabilidad y resistencia. A buen seguro nos seguirá sorprendiendo a medida que vayamos internarnonos en el conocimiento de sus capas más profundas donde existen abundantes fuentes de energía procedentes del calor liberado.

El niño verde

La última luz del día moría tenue atravesando la claraboya del sótano y enciendiendo con moribundos azules su interior. Yacía, en un ricón, sobre la cama, un niño y a su lado, el Profesor Flo, preocupado por la salud del paciente; sólo rompía la quietud de la escena el sonido del viento moviendo las ramas de los robles cercanos a la casa solitaria.

Flo encontró al niño en la última excursión que había hecho a una de las cuevas frecuentadas por él. Lo descubrió en una de las grutas más profundas, echado en el suelo, casi inerte, envuelto por las tinieblas y el silencio de un sepulcro. El ritmo cardiaco de Flo se aceleró, el instintivo miedo a lo desconocido heló su alma.  La luz de la linterna arrojó de la oscuridad a un ser de piel verde, grandes ojos ycráneo ovalado. Su cuerpo parecía normal y, por el tamaño, tenía que ser un niño. Quizás se había perdido y, en su intento de volver a casa, se perdió en el laberinto subterráneo. Alejado de su hogar, procedente de un submundo interior, desesperado y agotado, terminó esperando con resignación la hora de su muerte en aquella lúgubre gruta. Flo consiguió reanimarlo y sacarlo de allí. Lo cuidó y después de unos días, la pequeña criatura caminó e intento comunicarse en un idioma de gruñidos. Sólo comía vegetales, nada más.

Poco después, el niño enfermó. Su respiración se hizo pesada y el intenso color verde de su piel palideció.

Los ojos del niño verde resaltaron en el sótano al reflejar la claridad de la Luna. Su silbante respiración se había desacelerado. El Profesor, inmóvil, sujetaba la muñeca del niño, ansioso por no dejar de sentir el latido de su corazón. Vibraron los elitros de un grillo; la brisa sacudió el follaje del bosque cercano; las manecillas del reloj de Flo marcaron las ocho y cuarto cuando el pequeño suspiró por última vez arqueando su cuerpo antes de que sus rígidos músculos atraparan aquella postura inerte de dolor infinito. El Profesor sintió en su mano derecha la extinción del flujo vital.

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