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Comerciando con palabras

“¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?, esa es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? “

Fragmento de la Carta del jefe Sioux al presidente de los Estados Unidos. 1854.

 

Sí, se hizo muy difícil hablar allá por el 2123, no por qué no hubiera ideas o por que la gente fuera poco dada a relacionarse por eso del rendimiento, la robotización y el aislamiento cibernético del ser humano; la causa de los problema de incomunicación residía en los derechos mercantilistas que habían caído sobre las lenguas. Hacía unas décadas que grandes corporaciones habían decidido sacar provecho no sólo de lo que era de su propiedad, tras pagar a uno de sus obreros artísticos para que confeccionara otro producto más de obligado consumo. Ahora, querían apostar por lo que ellos llamaron la protección de las lenguas y cómo esa labor debía recaer en manos de gestores privados. Se abrió el mercado de las lenguas a la participación de inversores. Empezaron por obras universales, para seguir con las ideas, nombres, frases de autor; siguieron con expresiones coloquiales, palabras y finalmente, pasaron a las letras. Resultaba gracioso ver a las empresas comprar acciones de la A a la Z.

Las cotizaciones iban acorde a las fechas, si se acercaba la Navidad, la A aumentaba mucho su rating en aquellos países latinoamericanos, no tanto en los angloparlantes. Los valores fluctuaban según acontecimientos, personajes del momento, días de la semana, palabras más citadas, best sellers, expresiones de moda, animaciones trectrales más vistas..

El negocio consistía en la enorme cantidad de dinero que generaban las lenguas. Toda letra escrita, leída o pronunciada tenía un precio. ¿Y cómo controlaban el tráfico lingüstico?  Cada persona tenía unos sensores impresos en su piel, bajo la mandíbula inferior. Estos dispositivos bioeléctrónicos eran capaces de detectar palabras pronunciadas. Se hicieron obligatorios, penalizando con la cárcel a quién no los portara o los tuviera en mal estado. Allá por el 2136 se impuso su impresión obligatoria en los recién nacidos. Cada palabra de cualquier conversación  era catalogada, cuantificada y monetizada. Por los libros se pagaba un canon, además del de autor y compañía asociada, se incrementaba el precio por el número de letras que contuviera. Y para los que escribían y publicaban sus escritos en medios controlables también había unas tasas.

Hablar se convirtió en un bien casi de lujo que había que administrar con cautela. Los menos pudientes redujeron sus conversaciones a lo imprescindiblemente necesario, básicamente en el trabajo donde cada palabra era medida de manera muy estricta porque corría a cuenta del contratante. No se podía decir nada fuera de las instrucciones más imprescindibles de la ocupación y había a veces problemas por el miedo a ser multado en el exceso de palabras. Los más pobres no podían permitirse el lujo de hablar, escribir o leer, pero eso era lo de menos, porque ser pobre era poco más que ser un desecho  condenado al destierro fuera de las zonas urbanas, en el mejor de los casos, o acabar en una fosa común después de que algún miembro del equipo de seguridad urbana le metiera un tiro entre ceja y ceja. Estaban proscritos y no tenían derecho a nada. Eran los scratchs.

Hablar por los codos se convirtió en un símbolo de riqueza, muy bien valorado, sobre todo si en la conversación se acudía a citas casi impronunciables para la mayoría. Eso sí, no era lo mismo parafrasear a un Balzac que a un Coello, había categorías. Los nuevos fármacos neuronales y la biotecnología facilitaba la labor de almacenar léxicos muy complejos y en muchos idiomas. Se podía asistir a conversaciones entre profesionales muy bien situados en las que se rivalizaba por estos asuntos (tiempo de conversación, número de palabras, frases elocuentes…). El que no tenía tanto dinero e intentaba introducirse en aquellos círculos con el objeto de tener contactos que le permitieran escalar en la jerarquía social, optaban por las citas más baratas que pudieran dar el pego sin despertar una reacción de desagrado por el mal gusto de la elección. Tampoco estaba muy bien visto excederse con el barroquismo cargante de unas frases muy adornadas con palabras muy largas, hiperbólicas y exóticas, con muchos adjetivos, adverbios y demás parafernalia con las que rellenar un discurso florido. Tal demostración de riqueza se consideraba arrogante y soez, al igual que soltar majaderías que poco tenían que ver con el transcurso de la tertulia, solo para lucirse con tal idea o frase (descaradamente aprendida para soltarla a la menor ocasión y deslumbrar a la concurrencia). Algunos llegaban a ser tan ridículos como los que se jactaban de haber ganado mucho dinero invirtiendo en una letra determinada y terminaban llenando sus discursos con ella.

Como si fueran cortesanos de Luis XVI aquellos señores se reunían en salas en las que se celebraban reuniones de sociedad. En un momento de estas celebraciones, los invitados se apartaban del bullicio y se enzarzaban en aquellos largos debates que apestaban a pedantería y vanidad.

Un caballero del siglo 22 tenía que dominar la oratoria porque era algo que le distinguía del resto. Por ello, los de clase social más alta acudían desde muy jóvenes a escuelas en las que aprendían el arte del buen hablar.

Al margen de estas banalidades, la mayoría de la gente quería expresarse como lo habían hecho hasta no hacía mucho tiempo sus antepasados. La necesidad agudiza el ingenio y así fue como se empezó a desarrollar una forma de comunicación que podríamos llamar no contemplada por la ley. Se escribía en papel de manera clandestina, en la intimidad,  o se utilizaba el lenguaje de signos o una serie de códigos que empleaba todas las partes del cuerpo, desde las expresiones faciales hasta los pies. Claro que por qué no se iba a penalizar o a intentar cobrar lo que al fin al cabo era una forma de comunicación.

Las corporaciones sabían que estaban perdiendo mucho dinero con aquellas argucias. Salieron leyes prohibiendo cualquier forma de comunicación que se apartaran de las legalmente establecidas. Se criminalizó a los que perjudicaban a la sociedad con aquellos subtefurgios que amenazaban  la  conservación de los idiomas. También se les culpó de ser  evasores fiscales y pronto se les relacionó con enemigos del equilibrio que se había alcanzado, muy lejano a los nefastos años de guerras y corrupción. Al fin y al cabo, la mayor parte de la gente, la masa, siempre se ha mantenido feliz con una dosis justa de comida, bienes materiales y algo de evasión. El resto es bastante prescindible e innecesario. Eso lo sabían muy bien las corporaciones que destinaban parte de sus beneficios a garantizar los paquetes de consumo para sus obreros.

Y así fue como se creó la policía de la lengua, muy bien aceptada por la mayoría de los urbanitas que ya consideraban con naturalidad que hablar “excesivamente” era de ricos, que para que  querían ellos decir tantas palabras, tanta cultura, citas y demás ridiculeces… Así que muchos alegremente se unían a los de la poli-lengua a la hora de denunciar a un vecino o grupos de personas que podrían estar usando alguna forma de transmisión de ideas no legalizada. Además, avisar era gratis.

Comunicarse era algo sospechoso; ver a alguien con un libro o escribiendo era motivo de alerta y esto se terminó inculcando en los obreros.

Sin embargo, no era del todo bueno que se apretara tanto al urbanita medio, ya que entonces se producía una menor recaudación por el uso de servicios lingüísticos. Entonces se realizaba una campaña  en la que se promovía la falsa esperanza del progreso social, poniendo al dandi rico y hablador como arquetipo del triunfador. Se creaban aulas de las lenguas, donde por un módico precio, los más jóvenes de clases bajas,  podían esperanzarse con un futuro distinto y al mismo tiempo incitaban en todos a aumentar el consumo de palabras.

 

(Fragmento censurado de “Recuerdos del ayer”. Aurelio Montes. Editorial Lixus-Corporation. 2212).

Programa del 20 de enero de 2012

En el programa de hoy hemos empezado con la serie “Libros Malditos”. Carlos Saavedra comentó el “Manuscrito de Voynich”, un enigmático texto escrito en un lenguaje desconocido e indescifrable que contiene un compendio de conocimientos de hace siglos. Se cree que la edición existente en la Universidad de Yale no es el original, con errores cometidos durante el proceso de copia.

De los enigmas de la historia pasamos a los de la política con José Crespo y el escritor Jorge Batista. Jorge habló sobre el ministro canario José Manuel Soria y las posibilidades de que se produzca un cambio en este régimen pseudemocrático. Felicitamos a José Crespo por la próxima publicación de un articulo suyo en la prestigiosa revista científica “PLoS One”. Nos habló, antes de despedirlo, de sus investigaciones en el campo de la manipulación y cambio de la memoria.

Se nos fue el programa por el coladero del reloj, y casi pisando el último minuto, contactamos con el geólogo Jose Luis Barrera para volver al Mar de Las Calmas en la Isla de El Hierro y saber algo más de la erupción volcánica que ha batido todos los récords en Canarias después de más de 100 días seguidos de emisión de magma. Según Barrera, hasta ahora no se tenía constancia de que un fenómeno así se haya prolongado tanto en el tiempo en las Islas Canarias.

Cerramos un aleph más y van 16 en esta temporada. Luego, celebramos un cumpleaños vía satélite, milagros de la tecnología actual, antes, Juan Alberto, en solidaridad con el Capitán del “Costa Concordia”, se puso en su piel y empezó a recordar sus grandes meteduras de pata… Unos segundos son suficientes para arruinar tu vida y la de los demás, aunque lo que hizo Schettino fue tan bestial como para dejar grabada en la Historia Universal su gran tropezón.

Hasta el próximo viernes. Os esperamos en http://www.avenidafm.com o también en la red de emisoras de “esRadio-Gran Canaria”, de 18-19 h (UTC).

Descargar el audio del programa.

Se cargan Megaupload, empieza la cuenta atrás

20 enero 2012 1 comentario

Ya avisaban ayer desde la web de WordPress en una protesta contra los nuevos aires que están soplando en la red. La mordaza empieza a rodear a internet y quizás pronto empecemos a ver como la censura empieza a segar contenidos indiscriminadamente.  Enemigos no faltan para acabar con el intercambio libre de información. La lista incluye gobiernos celosos del exceso de libertad; artistas defensores de sus derechos; empresas que ven disminuir sus ingresos por la piratería o que han quedado relegadas a ser parte del pasado, aunque no lo quieran admitir y luchen para evitarlo.

Hoy a caído “Megaupload”, una web líder en descargas de todo tipo que se nutría de lo que subían sus usuarios y del dinero ingresado por aquellos que querían tener un mejor servicio. Con este cierre de la web  queda en el aire lo que pasará con todos los datos pertenecientes a millones de personas de todo el mundo, muchos nada tienen que ver con la causa de que el FBI decidiera acabar con este negocio.  Los trabajadores y responsables de “Megaupload” han sido tratados como criminales.

Este es un golpe que puede servir  de escarmiento y aviso al resto de webs con un contenido parecido. “Megaupload” daba sustento a una red de webs. Cortando el tronco principal, acaban con una de sus fuentes de supervivencia. La segadora ha empezado a andar.

SOPA

¿Qué está pasando? Hace años que venimos escuchando rumores y noticias sobre medidas que algunos gobiernos intentan aplicar para acabar con la indiscriminada reproducción e intercambio de ceros y unos con sello (si el que inventó estos dos números cobrara derechos de autor!!). Hasta el momento, esas acciones han sido poco efectivas, había mucho ruido y pocas nueces, pero ahora empieza a aparecer el fuego surgiendo del humo.

Quizás nos encontremos en la antesala de lo que será una nueva y triste época para internet, distinta a lo que hasta ahora hemos disfrutado. Los estados empezarán a meter miles de  leyes y medidas para coartar, fraccionar, delimitar y sacar sus beneficios de lo que será un sucedáneo de lo que vemos hoy. La libertad de expresión puede que sea una de las grandes sacrificadas en pro de los intereses que sacan las grandes multinacionales con el código binario. 

El fruto parece maduro. La Ley Sinde, SOPA o PIPA ya están listas para comenzar a cortar cabezas. De momento, algunos activistas han respondido a esta guerra cibernática bloqueando webs pertenecientes al Departamento de Justicia de Estados Unidos y a grupos de presión que quieren un mayor control de internet.

Estamos en en un cambio de era, una nueva revolución global se está gestando con internet como vía de unión y acción, además de ser el principal agente transformador. En esta nueva lucha de intereses entre grupos sociales, los de arriba intentan protegerse y salvaguardar su poder, mientras que el resto será sometido o deberá levantarse para recuperar lo que le pertenece.

Programa del 9 de julio de 2011

A estas alturas del año, al comienzo del verano, en el norte de Gran Canaria se produce un fenómeno meteorológico muy curioso. Los vientos alisios soplan con fuerza y se cargan con la humedad del Atlántico. Al pasar por las Islas Canarias chocan con sus montañas y ascienden dejando detrás el vapor condensado. Una capa de nubes se forma en la cara norte de las islas, el sur queda despejado y con temperaturas más altas.  El color grisáceo del cielo le da el nombre  de  panza de burro.  Lo mejor de esta nubosidad es que la temperatura no es muy elevada (aunque a veces sí lo es la humedad). Lo peor es la extraña sensación, entre la melancolía y el recogimiento, de estos dias oscuros propios del  Cantábrico o del Invierno.

Con ese cielo opaco, el día invitaba a seguir durmiendo. Algo aletargados comenzamos a llegar uno a uno al estudio de la radio. Guiones, escaletas de aquí para allá. Todo listo a menos de un minuto. Juan Carlos Barba y José Crespo atentos al pistoletazo de salida, pero antes, nuestro repaso sonoro de la semana donde recordamos, entre otras cosas, el último viaje de un transbordador espacial de la NASA y la reacción de la acampada del Parque San Telmo, arrasada por la policía. La entropía fue el concepto elegido esta semana dentro del recordatorio que hacemos del “Año Internacional de la Química”.

El programa estuvo ocupado en gran parte por la charla que mantuvimos con José Crespo y Juan Carlos Barba.  El tema en el que nos centramos fue la creciente corrupción en España motivada por la ausencia de un control efectivo sobre los gobernantes. Los efectos de la actual crisis han terminado por evidenciar la nefasta gestión de unos políticos cuyo objetivo principal es el de favorecer a sus propios intereses y aunque, como evidencian las encuestas, muchos españoles les culpen de ser un problema  para el país, nada parece que vaya a cambiar o incluso les vaya a afectar.  Todo parece estar montado para que todas las soluciones posibles pasen por los estamentos más altos de los partidos  políticos pendientes de que la “cupulocracia” se mantenga intacta. A pesar de los cantos de sirenas con los que algunos quieren encandilar al pueblo prometiéndoles nuevos días dorados, la realidad poco tiene que ver con esa ficción de la que no saldremos hasta que se produzca un cambio muy profundo en nuestra arruinada democracia.

Las extinciones masivas de especies en el Cretácico ocuparon el tiempo de la serie “Dinosaurios”. Finalizamos con una noticia de neurobiología relacionada con el premio Príncipe de Asturias.

Los últimos dos minutos fueron para las grabaciones que hicimos durante las protestas de los indignados en el Parque San Telmo después de ser desalojados de allí por la policía.

Esta fue la reacción que se produjo al día siguiente de que la policía obligara a los "indigandos" del Parque San Telmo a que dejaran el lugar.

Edición del audio del programa, recogemos las cosas y salimos a la calle. En frente, en el Parque Santa Catalina,  el escenario del “Festival de Teatro, Música y Danza de Las Palmas de G.C.”.  Una música agradable procedente del escenario (Philarmonie Der Nationen interpretando en un ensayo fragmentos de  la sinfonía número 5 op. 64 de Tchaikovsky),  nos alegró un poco el regreso a nuestras casas a la orilla del mar, tiempo que rellenamos con nuestras conversaciones futboleras alrededor de la mala situación del fútbol español que ya se ha llevado por delante a algunos equipos como la Universidad de Las Palmas.

“El Aleph”, los sábados en “esRadio-Gran Canaria”. 12-13 h (GMT+1). Se puede escuchar por la red de emisoras de esRadio-Gran Canaria o en www.avenidafm.com.
Descargar programa.

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